Antonio Muñoz Monge

 

Periodista, Escritor, Cultor, Historicista, y Difusor en los idiomas Quechua y Español, de las manifestaciones artístico culturales ancestrales de nuestros pueblos andinos. Eximio referente de la transmisión y valoración de la milenaria cultura andina en el Perú e in ternacionalmente.

 

Onomástico:

 

28 de Abril

 

Reseña Biográfica, Trayectoria y Publicaciones:


Nació en el distrito de Pampas, provincia de Tayacaja, región de Huancavelica en 1942.

Estudió Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Publicó en 1991 su libro de relatos Abrigo la esperanza, con ilustraciones de la artista alemana Cristine Rosenthal (eterna enamorada de la cultura andina). En 1992 publicó El Patio de la otra casa. En 1998 Nos estamos quedando solos. En el año 2000 La casa de Mercedes. En el 2007 publica la novela Que nadie nos espere.

Antonio Muñoz Monge comenta del Poeta Martín Adán

Entrevista realizada el 21 de septiembre de 2012 en el distrito de Barranco en Lima Metropolitana, por el equipo del CECUMP.

 

De 1983 a 1995 ejerció Periodismo y Redacción en el diario El Comercio, haciéndose conocido bajo los seudónimos de “El Buscón” y “El Fugitivo”, ilustrando desde las páginas de este medio, la milenaria y vasta tradición costumbrista en la region andina. Tarea de difusión que ha expandido al folklore con sus columnas en la Revista “Festival” del cual es Director, relanzada en Abril del año en curso.

Ha publicado un profundo documento de investigación en el “Folklore Peruano y la Danza y Canto”.

Es Director y Conductor del Programa Radial “El Vocero Huancavelicano”.

Fue el primer Invitado Cultural del Programa de Radio Santa Rosa del Convento de Santo Domingo “Cómo Suena Tu Lenguaje”.

Es Columnista de la Revista “Agronoticias” y “Puente” del Colegio de Ingenieros.

Actualmente es Redactor Periodístico Costumbrista en la publicación El Dominical del Diario El Comercio.

El 2011 es la primera personalidad de nuestro país, en ser incorporado de oficio, en condición de Miembro Honorario del Círculo Lingüístico de Lima.

En el 2013 la Universidad Alas Peruanas, publica la obra más reciente de Antonio Muñoz, el Poemario Banderola de Lata.

Poemario de Antonio Muñoz Monge

 

Antonio Muñoz Monge habla sobre la Flor de Retama

 

De la extensa producción literaria de Antonio Muñoz Monge, publicada en diversos medios impresos e internet, se ha extraido el artículo CENTENARIO DE FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS, que data del 26 de octubre de 2010, cuya fuente es el Diario -La Primera- en homenaje al referido gran Escritor y Maestro; artículo replicado en la página electrónica NIDO DE PALABRAS, del Docente, Promotor Cultural y Poeta César Pineda Quilca, el primero de noviembre de 2010.

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“CENTENARIO DE FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS”

Hace 29 años, el martes 30 de junio de 1981 dejó de existir en Lima el gran escritor y maestro Francisco Izquierdo Ríos. Su literatura nos entregó una real visión humana de la selva con un manejo sencillo de la palabra, la desnudó de agregados y supuestos, de forzados giros que buscan sorprender por impactantes, nos entregó una palabra bella, transparente, como fluyen las aguas de los ríos.

“Escribir de un modo natural y sencillo, como crece la hierba. Y que por entre lo escrito se vea la luz de la vida”, reza el epígrafe a manera de “Credo” del libro de narraciones “Sinti el Viborero”, de Francisco Izquierdo Ríos.

Murió cuando ejercía la Presidencia de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (ANEA), hoy desaparecida o en el limbo de caprichos y desencuentros personales. Recordamos la presentación de su último libro “En la tierra de los árboles”, paseo fantástico, sensible y tierno por nuestra selva. Fue en enero de 1981, a cinco meses antes de su ida definitiva. Esa noche un público atento y algo nervioso, escuchó la palabra algo dificultosa del escritor. Había sido operado meses atrás de un tumor en la boca, pero don Francisco Izquierdo se sentía bien.

Mateo Paiva

Optimista, alegre, conversador como siempre. Trejo, juguetón, voluntarioso, tierno, se sentaba a charlar y nos llevaba por los lejanos y perdidos pueblos del Perú, donde fue profesor por años, sufriendo y asumiendo con los puños cerrados, traslados que eran destierros al fin del mundo, “donde Dios no había pasado”, pero que sin embargo en la voluntad y cariño de Francisco Izquierdo esos rincones perdidos de su patria eran las verdaderas entrañas, el verdadero corazón del Perú. Pueblos, donde desechando Planes y Programas, Directivas burocráticas del centralismo limeño, abría las Escuelas a la comunidad, a la sociedad, a la cotidianidad de la vida.

Al tiempo, un huerto, una cancha de fútbol, un taller de carpintería, construidos, levantados, sembrados por profesores, alumnos, padres de familia, vecinos, quedaban como testimonio de su presencia, de su entrega. Esta larga aventura de amor por su patria y por una verdadera y real Educación, nutre, alimenta, da vida, recrea la existencia de su novela “Mateo Paiva el maestro”, publicada en 1968, un verdadero testimonio de la vida, pasión y olvidos del maestro peruano, del maestro provinciano.

Viaje a Lima

Nacido el 21 de junio de 1910 en Saposoa, capital de la provincia de Huallaga en el departamento de San Martín, termina su secundaria en Moyabamba, la capital departamental. Desde esta ciudad situada a orillas del río Mayo emprende un largo viaje a Lima. Tenía 16 años de edad. La travesía a pie demora cerca de tres meses. Viene a Lima con una beca para estudiar en el Pedagógico Nacional del Lima.

De su poncho de jebe para la lluvia, del sombrero alón, del terno envuelto en una bolsa no quedaron nada; solo cien soles que los “pierde” cuando desembarca en la capital soñada.

A los veinte años de edad se graduó de Normalista. Apenas egresado solicita iniciar su carrera pedagógica en una aldea selvática. Así retorna a la naturaleza que lo vio nacer. En esas noches silentes, con los cantos de las aves nocturnas y el recuerdo del silbido del tunchi, un candil alumbra la única casa en vigilia. El profesor le quita horas al sueño y va adentrándose en las tiernas angustias de César Vallejo, en el andariego camino de Máximo Gorki, en el patetismo de Fedor Dostoievski. Esas lecturas, su sensibilidad y la comunión con su pueblo, van madurando su creación.

Así nacen, “Muyuna”, “Los Sachapuyas”(1936), “Ande y Selva” (1939), “Vallejo y su tierra” (1949), “Selva y otros cuentos” (1949), “Cuentos del tío Doroteo”(1950), “Días Oscuros”(1950), “Gregorillo“(1957), “El árbol blanco” (1962) (Premio Nacional de Fomento a la Cultura “Ricardo Palma” de 1963), “Mi aldea” (1964), “El colibrí con cola de pavo real” (1965), “Los cuentos de Adán Torres” (1966), “Mateo Paiva el maestro” (1968). No olvidemos una obra importantísima que la trabaja y edita con José María Arguedas en 1947: “Mitos, leyendas y cuentos peruanos”.

Todas estas obras, alimentadas por su amplio conocimiento fundamentalmente de la selva y el país, donde el hombre a cada instante se instala en el eterno afán de vida van dibujando el paisaje espiritual del Perú.

El abrazo de la selva

Ahí están al acecho los “rápidos”, que como fieras míticas desaparecen en las profundidades de las aguas de los ríos a embravecidos balseros, las criaturas de leyenda como el inofensivo “chullachaqui” que pierde en los caminos con falsas huellas a desprevenidos peregrinos; mariposas multicolores, aves, víboras, bejucos, en una comunión con el hombre de todos los días en un mismo destino.

La selva apenas tocada con insinuaciones generales nos llega plena, abierta en sus obras. Francisco Izquierdo vuelve a recorrer en sus creaciones el antiguo camino “exótico”, ubicando al ser humano en una constante lucha que deviene triunfante o trágica, insistiendo en una afirmación de la existencia.

Hace cuarenta y un años, 1969, Francisco Izquierdo Ríos publica “La Literatura Infantil en el Perú”. Su trabajo se abre con una pregunta que todavía es constante para este género y para todo un entendimiento y compromiso educativo: ¿Existe literatura para niños en el Perú? Su respuesta caracterizaba como relativa la existencia de esta narrativa; además subrayaba:

“Me inclino por los temas escritos sin previa intención, sin ese afán didáctico con la consabida moraleja. El niño debe descubrir, acercarse a las composiciones como lo hace ante una mariposa, ante una flor, ante un oculto nido de ave, que ese descubrimiento lo haga fraterno, sensible y que ese vital goce estético lo lleve a amar la vida, a las otras personas, a la patria, a la humanidad”.

“Indudablemente – agregaba- tenemos valiosos escritores que han creado para niños, quiero resaltar dos obras fundamentales: el cuento “Paco Yunque” de César Vallejo y la novela “El Retoño” de Julián Huanay”. Nosotros quisiéramos añadir: “Juan Volatín” de José María Eguren, “Warma Kuyay” (Amor de niño) de José María Arguedas y “El Bagrecico” del mismo Francisco Izquierdo Ríos.

Ante este sensible panorama que nos ha dejado Francisco Izquierdo, nos preguntamos, ¿qué habrá sido de los huertos, de los talleres de carpintería, de las granjas comunales, de las aulas abiertas, de los salones de clase con el sol en pleno rostro, del acento ortográfico en la ú de Perú, del olor a lápiz, a cuaderno, de la palabra redonda y bien hablada reventando en nuestros labios?.

No creemos que todo se haya perdido detrás de un escritorio burocrático; no, Francisco Izquierdo Ríos está ahí caminando con el huerto abierto como un libro y con la risa de niño grande como cuando se detuvo junto con otro gran escritor, el poeta Mario Florián en la esquina del ex cine Colón de la Plaza San Martín. De pronto, don Pancho se acerca a Mario Florián hasta casi encimarle el cuerpo.

Humor

El poeta Florián, algo extrañado, lo mira escudriñándolo. ¿Ahora qué se trae entre manos?, se preguntaba. Excitado, don Pancho mira sigilosamente a los costados como cuidando que nadie lo escuche y le descubre al oído la gran sorpresa: - “Mario,- le dice - somos los escritores más famosos de Lima, del Perú, nos han reconocido, fíjate, todos nos saludan”.

Serenos ya, después de tamaño descubrimiento, fueron contestando los saludos. Don Pancho, a mano limpia, repartía venias y adioses, mientras Mario Florián, sombrero en mano, macora en mano, es decir, parecía estar dando un paso de cashua, ese hermoso huayno cajamarquino.

Por fin eran reconocidos. El país no era tan ingrato, tan desagradecido con sus escritores. Aquí, en plena plaza San Martín, a las 6 de la tarde, en el mismísimo centro de Lima, que es el centro del Perú, estos dos grandes escritores eran saludados por anónimos y numerosos admiradores. Así se quedaron un largo momento, extasiados ante sus propias famas. Al rato, nuevamente del brazo, los dos escritores se fueron por las calles limeñas, comentando risueños esa dicha compartida.

-“¿Y sabes quiénes nos saludaban?”, me preguntaba sonriente don Pancho, cuando solía contarnos ésta y muchas otras historias. - “Qué tal fama de escritores, ¿no?... já, ja, ja, ja, ja... reía a carcajada limpia- “Eran los choferes de los colectivos que iban a Miraflores y agitaban las manos para llamar a los pasajeros...”- ¿Qué tal fama no?, y la risa se le venía a borbotones achinando sus tiernos ojos y entregando todo su cuerpo a la dicha de jugar con la vida, con el candor de un niño.

Bonachón, gran conversador, juguetón, irónico, caminante empedernido, tenía la existencia a flor de piel y la mirada de un niño grande eternamente sorprendido por el destino de desencuentros de nuestra Patria. Sin embargo, contagió su alegría de vivir a quienes lo conocieron.

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Crónicas  del  Tiempo

UN HUESO LITERARIO

Llegaba los miércoles en las dormidas tardes del pueblo. El pobre hombre de barba y andrajos se detenía ante las puertas de las casas suplicando con su voz arrastrada: -“ mamita una limosna por amor de Dios”. Entrada la noche retornaba a su covacha levantada con palos, latas, cotenses, paja, cargando su talega llena de los mendrugos recogidos en su largo recorrido por el pueblo, sobretodo con huesos y entre ellos el apetecido mojontullo.


LA UBICUA LIMA

Hace unos días, en la mismísima ciudad de Lima bajaba de un bus del Metropolitano y del grupo que se agolpó ante la puerta escuché una palabra remota, confundida con otras, una palabra quechua, que poco a poco se me graficó redonda:”mojontullo”. Después de la primera sorpresa, me acerqué y saludé al señor que había pronunciado esta extraña palabra quechua en plena urbe cosmopolita. Le expliqué el porqué de mi interés y algo de extrañeza. Sonrió y me dijo, “acostumbro hablar solo, costumbre que la adquirí en Lima”, pero seguía con su sonrisa y agregó preguntándome, “usted entiende quechua”, -algo, algo le dije, pero usted venía hablando otras cosas más, repitiendo “mojontullo”, agregué. Su sonrisa fue más amplia, con una pícara mirada y saltó la liebre, “claro, claro yo venía diciendo no tienen ni para su mojontullo  y hacen tanta alharaca, gritando en sus celulares lo que van a comprar”. Para mi fue toda una revelación.

Y bueno, ¿qué es el mojontullo, qué importancia tiene?. Mojontullo significa en quechua, “cabeza del fémur, “hueso de la rodilla”, rodilla de la res, especialmente. Antaño en algunas casas de  pueblos andinos, se acostumbraba colgar sobre el fogón de la cocina un gran mojontullo y ahí permanecía, días, semanas. Se lo bajaba para hacerlo hervir unos minutos en el caldo que se estaba preparando y así darle gusto, sabor. En otros lugares como Arequipa se le llama “el suficiente”, porque literalmente basta, uno o dos hervores, suficiente para que le de el gusto, el sabor al caldo pobre. Irónicamente en un juego de niños, estrechábamos nuestras manos y golpeábamos repetidas veces en nuestro mojontullo, nuestra rodilla, para escuchar el sonido ilusionado de las monedas que queríamos sentir y tenerlas. Alguna vez, el orgullo pueblerino hacía visitar a alguna dama, de familia conocida, casi a hurtadillas, para pedir prestado  a su comadre el mojontullo “préstame tu mojontullo para miskichar ( dar sabor) mi caldo”, era la frase que se repetía y repite hasta ahora recordando esos tiempos.


LA COLOMBIA DE GARCÍA MÁRQUEZ

El escritor Gabriel García Márquez  recuerda en su libro Vivir para contarla, la pobreza de su infancia en Barranquilla y de cómo su madre enfrentaba esta situación. Sentía por ella, dice el Nobel, más que el amor filial comprensible, una admiración pasmosa por su carácter de leona callada pero feroz ante la adversidad. En los peores momentos se reía de sus propios recursos providenciales. Como la vez en que compró una rodilla de buey y la hirvió día tras día para el caldo cotidiano cada vez más aguado, hasta que ya no dio para más.

El mojontullo suelta ese sabor, ese cuerpo de gusto, porque guarda la médula, el tuétano, el tunshu, chilina o ñutqu (en quechua). Su conservación colgado al aire libre, en clima seco como lo es en los andes, garantiza su consumo. De otro lado, la pertenencia del mojontullo, nos hablaba sin mayores alardes de una digna pobreza, que se la asume entre cuatro paredes, más allá son ya otras cosas, que “no es de mi incumbencia” como decía el policía de la esquina.

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El amor antes DE INTERNET

Ocurrió cerca de Huancayo, antes de la llegada de Internet. José Luis Rodríguez fue ‘asesinado’ por un marido celoso. Hoy la anécdota hubiera traspasado fronteras con un clic.

Le disparó a los pies como escarmiento. El estrépito no fue el de un cuerpo. Cuando abrió la cortina encontró el televisor reventado.

ANTONIO MUÑOZ MONGE

Antes de Internet la vida tenía otro ritmo y también las historias de la gente. Las cosas se sabían después de un tiempo, cuando el asunto iba de boca en boca o a través de una carta. Ahora con un clic se inicia el chisme cibernético y universal, por el chat se declara, se conquista y se  rompe una  relación. Antes,  no. 

Cántame

Desde su adolescencia, Donase entregó al cantante José Luis Rodríguez, ‘El Puma’, en cuerpo y alma. Guardaba sus fotos, afiches y discos. Lo escuchaba día y noche; las tardes provincianas languidecían de nostalgia con su “Voy a perder la cabeza por tu amor…”. Cuando Dona llegaba a Huancayo, lo primero que hacía era comprar lo último de su ídolo. Un día desaparecieron los discos de vinilo y llegaron los caset, años después serían los CD. ‘El Puma’ seguía incólume en sus preferencias. Era él y nadie  más: “Culpable soy yo por haber te tenido olvidada…”.

El compromiso

Dona se comprometió con su enamorado y se señaló fecha para el matrimonio. La presencia inevitable del cantante generó la primera crisis. Luego, el novio lo consideró como una anécdota, sin sospechar que a través del tiempo ella había venido construyéndole un altar a su ídolo: una foto tamaño natural presidía ese nido clandestino. Rumas de discos, caset, afiches y fotos abrazaban el recinto sagrado de boleros, baladas y suspiros. Apostaba la gente que en ningún otro lugar del Perú había tanto amor al ‘Puma’ como en este remoto pueblo andino. “Es mi orgullo”, decía ella. 

Una ‘tele’ en el pueblo

El marido fue acostumbrándose a la inevitable presencia del cantante, lo sentía ya como algo familiar y lo escuchaba con cierto agrado. A mediados de los setenta llegaron los primeros televisores a Huancayo y él viajó a la incontrastable ciudad y compró uno de buen tamaño. La llegada del televisor al pueblo fue un evento. La noticia corrió de casa en casa. Con mil pretextos, amigos y conocidos llegaban a la casa llevando quesos, panecillos, bizcochuelos, piernas de cuchicanca (lechón al horno), hasta verse sentados frente a la ‘tele’. Y el espectáculo comenzaba: dibujos animados, noticias del Perú y del mundo, películas, telenovelas, partidos de fútbol. Fueron horas en que se detuvo la vida del pueblo, se descuidaron las labores, los enamorados se quedaron sin ver a sus prometidas, los huallpasuas (ladrones de gallinas) hacían de las suyas aprovechando la ausencia de sus dueños y el cura Serpa protestó porque sus feligreses olvidaron el rosario de las 7 de la noche.

Disputa en el bar

El marido solía tomar sus tragos al mediodía y descansar después de almuerzo. Comentan que aquella vez, en el bar de costumbre, la conversación versó sobre ‘El Puma’ y él se sintió aludido. Levantó la voz y se retiró. Durmió  la siesta con un rictus de amargura. En el entresueño escuchó la voz del cantante, se levantó y al descorrerla cortina vio a ‘El Puma’ en persona cantando. Se dirigió a la despensa, sacó su escopeta y llegó a hurtadillas hasta el cortinaje. Le disparó a los pies como escarmiento. El estrépito no fue el de un cuerpo. Cuando abrió la cortina encontró el televisor reventado y a su alrededor, fuera de sí, unas cinco mujeres que veían la muerte de ‘El Puma’ en la pantalla.

Chat del cadáver

Cualquier sábado al mediodía se llega a esa casa y entre tragos, carcajadas, juegos de tejos y la voz nostálgica de José Luis Rodríguez, ‘El Puma’, alguien pedirá visitar el cuerpo yacente del televisor con el orificio de la bala celosa. En estos nuevos viejos tiempos de posmodernidad, la historia de este amor aldeano sirve de santo y seña para iniciar un chateo infinito que llega hasta las altas cumbres de los apus.

Artefacto.

“Ahora alguien pedirá visitar el cuerpo yacente del televisor con el orificio de la bala celosa”

 

 

Enlaces:


Antonio Muñoz Monge:

es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Mu%C3%B1oz_Monge


Huancavelica - PERÚ:

www.huancavelicaperu.com/index.php?cont=111&cod=61


NIDO DE PALABRAS - CENTENARIO DE FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS: 

nidodepalabras.blogspot.com/2010/11/centenario-de-francisco-izquierdo-rios.html


Facebook de Antonio Enrique Muñoz Monge:

www.facebook.com/amunozmonge?fref=pb&hc_location=friends_tab


Antonio Muñoz Monge comenta sobre Martín Adán:

www.youtube.com/watch?v=H7b5A2WhiTA


Antonio Muñoz Monge habla sobre la Flor de Retama:

www.youtube.com/watch?v=KHg_UKPoLhQ 

 

 

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